Durante los primeros años de vida se producen muchos cambios anatómicos, fisiológicos y psicológicos a gran velocidad. Como es una etapa en constante desarrollo, el organismo se verá afectado por influencias internas y externas.
La osteopatía está muy indicada en bebés y niños porque puede detectar disfunciones corporales antes de que se conviertan en un problema mayor, es decir actúa des del punto de vista de la prevención, y también trabaja en patologías ya instauradas. Como el trabajo en osteopatía es global, el osteópata no solo se fija en el motivo de consulta, sino que revisa todo el cuerpo tanto en la anamnesis como en la exploración para detectar zonas que puedan afectar el desarrollo correcto del niño. El objetivo del tratamiento será mejorar la capacidad de adaptabilidad del niño y así beneficiar su funcionamiento.
Ya desde el nacimiento, en el momento del parto, el bebé recibe presiones tanto de las contracciones del útero como de la resistencia del canal del parto para poder salir, y estas presiones las absorbe el cuerpo del bebé especialmente la zona del cráneo. Estas presiones normalmente se resuelven de forma espontánea durante los días posteriores al nacimiento, a través de la succión, el lloro,...pero a veces no es así, especialmente si el parto ha sido largo, difícil o han utilizado instrumental. Por eso el cuerpo tendrá que compensar y adaptar estas tensiones, y puede provocar incomodidades en el bebé que lo expresará a través del lloro, estará irritable e inquieto y con dificultades para dormir. Incluso antes de nacer, en el vientre de la madre, el bebé puede tener una mala posición dentro del útero que puede provocar tensiones en los tejidos y que se mostraran una vez hayan nacido.
Por todo esto se recomienda realizar una valoración osteopática después del nacimiento para poder ayudar a disminuir estas tensiones y así evitar problemas futuros. Cuanto antes se empiece el tratamiento, mejores resultados se pueden obtener.
A medida que el niño va creciendo, pueden aparecer disfunciones que interfieran en su desarrollo provocando alteraciones posturales, deformidades o dolores. Es importante realizar un seguimiento regular de su crecimiento para prevenir problemas en el futuro.
Las técnicas que se utilizan en el tratamiento osteopático en bebés y niños son suaves, específicas y seguras.
Las indicaciones en el campo de la pediatría son:
- En el bebé
- Lloro e irritabilidad
- Cólicos, regurgitación, restreñimiento
- Problemas de succión
- Alteraciones del sueño
- Asimetrías craneales (plagiocefalia, braquicefalia, escafocefalia) y posturales
- Tortícolis congénita
- Alteraciones en el gateo y/o en la marcha
- En la etapa infantil
- Otitis, sinusitis y problemas respiratorios (bronquiolitis, bronquitis) de repetición
- Problemas en la alineación de las extremidades inferiores (genu varo-valgo, torsiones tibiales)
- Alteraciones en la marcha
- En la etapa escolar
- Molestias en la espalda, alteraciones posturales y desviaciones (escoliosis)
- Dolores de crecimiento
- Problemas en la oclusión dental (acompañando el trabajo de los odontólogos, antes y durante la ortodoncia)
- Intranquilidad, trastornos del sueño, trastornos de la concentración
En el campo de la pediatría, con frecuencia el osteópata trabaja en sinergia con otros profesionales sanitarios también presentes en esta etapa de desarrollo como son el pediatra, el odontólogo, el optometrista, el logopeda, el podólogo, el psicólogo,...realizando así un abordaje multidisciplinario para conseguir mejores resultados.